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21 de Marzo, Día Mundial de la Poesía

“Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.” — Antonio Machado Hoy, en el Día Mundial de la Poesía, no puedo evitar pensar que viajar en furgo tiene algo de poesía. Porque la poesía, como el camino, tampoco se explica del todo. Se siente. La poesía no necesita grandes palabras. Necesita verdad. Y quizá por eso sigue siendo importante. Porque en un mundo que corre, que consume rápido y olvida aún más rápido, la poesía nos obliga a parar. A mirar. A sentir. A recordar. Viajar así —sin rumbo fijo, sin más objetivo que el propio camino— es también una forma de escribir. No con tinta, sino con experiencias. No en papel, sino en la memoria. Cada curva es un verso. Cada parada, una estrofa. Cada lugar, una palabra que se queda. Y aunque hoy la información esté al alcance de todos, aunque todo parezca ya contado, la poesía sigue teniendo un lugar que nadie puede ocupar. Porque nadie siente igual. Porque nadie mira igual. Porque nadie es...

Laredo

 A mi me pasa como a mi perra, y es que cuando llego a esas impresionantes playas del norte empezaría a correr por la arena como si no hubiera mañana. Es esa sensación de como que me falta el aire de la emoción.....

 puede parecer una tontería, no digo que no, pero a mi me pasa, que le vamos a hacer.

En este caso fue al llegar a Laredo ( Playa La Salvé ) con sus 4250 metros de longitud y su anchura media de 120 metros. Además la marea estaba baja, y la playa parecía aún más grande.

 Hacía un día precioso y estuvimos paseando un buen rato por allí disfrutando del momento y de ese olor a mar. Porque os habéis fijado que el mar no huele igual en todas partes?? 




Después nos fuimos al Tunel de la Atalaya.

Creo que es uno de los sitios imprescindibles para ver en Laredo, ya no solo por su historia (https://www.viajarporcantabria.com/tunel-de-la-atalaya-de-laredo/ ) y por lo bonito que es, sino sobre todo por la sorpresa que te llevas al llegar  al final, cruzar la puerta y ver la playa de la Soledad.

Aquel pequeño rincón que aparece de repente sin esperarlo es impresionante.
No te cansarías de hacer fotos, y quedarte allí sentado en aquel único banco, con la mirada perdida en el horizonte oyendo el mar rompiendo en las rocas, no tiene precio. 



















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