Ir al contenido principal

Destacados

21 de Marzo, Día Mundial de la Poesía

“Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.” — Antonio Machado Hoy, en el Día Mundial de la Poesía, no puedo evitar pensar que viajar en furgo tiene algo de poesía. Porque la poesía, como el camino, tampoco se explica del todo. Se siente. La poesía no necesita grandes palabras. Necesita verdad. Y quizá por eso sigue siendo importante. Porque en un mundo que corre, que consume rápido y olvida aún más rápido, la poesía nos obliga a parar. A mirar. A sentir. A recordar. Viajar así —sin rumbo fijo, sin más objetivo que el propio camino— es también una forma de escribir. No con tinta, sino con experiencias. No en papel, sino en la memoria. Cada curva es un verso. Cada parada, una estrofa. Cada lugar, una palabra que se queda. Y aunque hoy la información esté al alcance de todos, aunque todo parezca ya contado, la poesía sigue teniendo un lugar que nadie puede ocupar. Porque nadie siente igual. Porque nadie mira igual. Porque nadie es...

El círculo que nos detuvo el tiempo




Hay días en los que la furgo avanza casi sin pensar.
Y hay otros en los que te hace frenar sin previo aviso.

En la pradera de Santa Engracia, junto al Dolmen de Santa Elena, ocurrió lo segundo.

Llegamos sin expectativas. El paisaje abierto, el silencio que solo tienen los lugares donde la montaña manda. Y entonces lo vimos: una construcción circular hecha con piedras y distintos árboles. Extraña y casi magnética.

Un calendario celta.

Creado en 2006 por los niños de las escuelas del Alto Gállego. Ellos lo diseñaron y ellos lo cuidan. El proyecto fue galardonado con el premio “Félix de Azara”.

Pero lo que más me impresionó al caminar por ese círculo fue la otra manera de entender como vivir el tiempo. 

Mientras lo recorría, pensé en la furgo.
En nuestra manera de viajar.
En cómo intentamos vivir el tiempo cuando estamos en ruta.

Sin prisas.
Sin horario.

Sentí que gracias a ella podemos llegar a lugares que no están pensados para el turismo rápido.

Ese círculo de piedras no buscaba fotos espectaculares. Simplemente estaba ahí. Esperando a quien supiera mirar.

Y nosotros, una vez más, llegamos en furgo… y nos fuimos con algo más que kilómetros.

Nos fuimos sabiendo que el tiempo no siempre se mide.
A veces simplemente.... se siente.

Apagamos el motor... pero seguimos viajando por dentro.


 

Comentarios

Entradas populares